miércoles, 1 de marzo de 2017

CAE LA TARDE





CAE LA TARDE


¿Me pregunto cómo es que cae?
¿Cae como yo, como tu?
simplemente cae,
la realidad es esa,
no va dando tumbos lentos,
no espera,
cae. 


Es un estrépito en el suelo,
en el mar,
en el horizonte,
en la colina del valle,
en los ranchos de lata,
en los basurales del norte,
en la mierda a lo lejos esperando la caída,
más, o menos romántico,
más, o menos, absurdo,
cae. 


En pocas palabras como tu,
como yo,
cae 


Cae en una duda sin respuesta
apenas en una o dos preguntas retorcidas.
¿Esperará más el día de los días, como tu esperas de mi?
¿Tendrán miedo a la noche, como yo le temo a la muerte?
En todo caso es tan absurdo
como que yo espere algo de ti
o tu le tengas miedo a la muerte.

martes, 28 de febrero de 2017

DODONA




DODONA

Difuntos ojos
me abandonan,
sin elección,
sin remedio.
Sucumben indefensos
Presto, mi rostro
exhibirá dos tumbas,
dos cuencas,
donde yacen,
vividos ojos apagados.
Algún día les seguiré,
nos enterraremos juntos.
Hoy trajeron noticias
de su velorio,
de su muerte
certificada y patente.

LA HIJA






  LA HIJA MENOR


  
Todas las noche la menor de los Morería se bañaba medio desnuda en el río. Siempre en la noche hiciera frío o calor. Melisa, la menor de los Moreira, bajaba por el camino, manoteaba unas flores y sumergía medio cuerpo en la cañada. Allí se quedaba quieta, fuera invierno o verano, el agua le pasaba mansa entre las piernas y la noche le reflejaba cada tanto una luna casi entera. No siempre fue así, antes no caminaba descalza el sendero de tierra que desembocaba en la orilla y mucho menos se dejaba caer la ropa para entrar al agua. Todo aquello sucedió de pronto, a eso de los diez o doce años, una noche entró a enfilar derecho y se perdió en lo oscuro, desde esa noche fue una procesión constante; la vela al santo, el santo a la ventana, y Melisa a la cañada. 


 La madre (que en paz descanse), de lo posible no le quedó nada e intentó con lo imposible; visitó cuanto curandero, matasano o yuyero encontró en la vuelta. Dicen que llegó a traer una gitana, una petisa gorda de falda larga, de esas que te andan leyendo las manos, que traen un lunar en el mentón u otra parte de la cara y hablan ligerito. Esa fue la que terminó de traer la desgracia; dicen (porque decir es barato y es de lo poco que hay para hacer en los pueblos) que la gitana tenía lengua de serpiente: muy filosa, y que les dijo las verdades una tras otra, esas verdades que la madre de Melisa sabía y no quería escuchar. 

La tarde que la gitana se marchó, el griterío fue tal en la casa que no quedó insulto por decir ni reproche por echar en cara. Los perros ladraron llamando a la tragedia, con ese aullido en tono de lamento y rascando la tierra, como quien busca refugio. La casa de los Moreira estaba como maldita y así lo atestiguaban los hechos. Melisa salió como cada noche y la madre la acompañó esta vez sin tratar de detenerla, muy por el contrario, la tomó de la mano y se fueron llorando juntas. Melisa regreso como cada noche y don Moreira se le quedó viendo sin soltar palabra. Esa noche nadie durmió, caminaron de arriba abajo y de abajo para arriba sin encontrar rastro ni prenda, la gitana tenía lengua de serpiente, de las que sesean las verdades, que nadie quiere andar escuchando. 

La escena se sucedió día tras día, año tras año, el pasto murió a sus pies y la noche la encontraba sin remedio. 

 El viejo Moreira se sentó en en unos troncos que servían de echadero, espero paciente fumando en la puerta, pensando en quién sabe qué, pero pensando, se fumó uno o dos puros mirando la nada, como si de la nada misma llegara una respuesta, que todos conocían en silencio. 

Melisa paso sin mirarlo, anduvo sin percibirlo, llegó sin saberlo, se remojó sin sentirlo, rezó por última vez sin nombrarlo. Fue la última vez que el río la vio desnuda, fue la última noche de los primeros días... El río se llevó por fin los secretos que todos murmuraban. Melisa regresó con plena y apacible certeza de que no volvería a tocarla otro Moreira.

jueves, 16 de febrero de 2017

CON TODO EL POCO




CON TODO EL POCO, ESCASO, INSUFICIENTE E IMPERFECTO AMOR QUE TE TENGO


Entre tú y tú,
me despierto exaltado.

Entre tú y tú,
riego las plantas
les hablo de nosotros.

Entre tú y tú,
alimento el perro,
le rasco la barbilla,
le quito las pulgas.

Entre tú y tú,
juego con los niños
les reviso la tarea
les pido que me quieran.

Entre tú y tú,
trabajo,
voy al baño,
me cepillo los dientes apurado,
no bajo la tapa.

Entre tú y tú,
ensayo una respuesta,
intento que hoy me comprendas.

Entre tú y tú,
me emborracho,
bajo la tapa
no logro aliviarme.

Entre tú y tú,
duermo
y entre sueño y sueño, tú.

Entre tú y tú,
pasa una eternidad,
no sólo para ti.

Entre tú y tú,
pasa un semáforo en rojo,
toda la nueve de julio,
el palacio Salvo,
una azotea interminable.

Entre tú y tú,
no soy más que esto,
siento si te resulta insuficiente
si suena absurdo,
si es incongruente.

Entre tú y tú,
el día solo tiene veinticuatro horas
y una ausencia intolerable.











Código de registro: 1701230426989

: 23-ene-2017 4:22 UTC

domingo, 12 de febrero de 2017

Palabras perdidas




Palabras perdidas




Tengo la constante sensación,
de que he perdido mis mejores letras,
no me refiero a las que te dedico
a sabiendas de que no regresarán.
Ni las que largo como miradas sin retorno,
como desplazados de sus tierras,
buscando un cobijo dudoso y prometedor.
Esas las dejo ir, no me apena soltarles la mano,
en todo caso; me quedo viendo como se alejan.
Veo como llegan a ti,
impacientes y desesperadas,
niñas que se reúnen con sus madres.
Esas casi que las echo,
exiliados versos
que, no pueden vivir en mí




Me refiero a las otras,
a las que son en un instante,
las que nacen de cosas sin sentido
o de los únicos sentidos que tenemos.
Esas que son ramas de árboles
raíces resecas de perezosos caminantes
Me refiero a las que no quedan en apuntes,
las que no llegan a ser versos ni letras,
las inconclusas e indefinidas,
que mueren antes de ser paridas.
Esas que son un destello en la madrugada.
Una sombra en el cenit.
Un bostezo en la tarde.
Un tormento en horas impunes
o aisladas jovencitas encerradas,
que me saludan por las ventanas
De esas palabras me apeno,
esas son nonatas
que amo con olvido,
que dejo pérdidas en esquinas,
en ocios laboriosos,
en macetas sin plantas,
sin tierra y sin agua,
esas que no germinan. que no salen de sí mismas.
Esas palabras me entristecen,
son mis mejores intentos,
quizás los únicos dignos
de ser poemas o textos,
las únicas que se conciben a sí mismas,
que tienen un carácter autosuficiente,
del que carezco.
Por eso se quedan allí
viéndome de lejos,
tentando el pensamiento,
pasando en momentos que se saben imposibles,
cuidando que no los estropee con papeles,
con garabatos o tinta reseca.
Esas viven por sí mismas,
esas crecen lejos mio,
las dicen otros poetas, a los que admiro.
Viven en casas que desconozco,
de orfebres, de herreros,
de buscavidas analfabetos,
en las manos de María cuando amasa,
en los pies de Pablo cuando camina
en los rincones de una obra interminable,
en lo profundo de una mina intolerable
o en lo campos solitarios.



Alguien ama sin palabras,
sin remedio,
sin destino
y por un momento con mis palabras,
con mis mejores poemas
perdidos en el tiempo.




Código de registro: 1702120721436
Fecha de registro: 12-feb-2017 16:27 UTC